Alimentos funcionales

Seguro que te suenan estos mensajes: “Ayuda a tus defensas”, “Mejora tu tránsito intestinal” o “Te ayuda a reducir el colesterol”.

Adjetivos beneficiosos que se suman a determinados alimentos, que se describen como alimentos funcionales. Una moda que no hace más que crecer en parte por nuestro estilo de vida actual. Pero, ¿sabes qué son realmente?

En los últimos años ha aumentado el interés respecto a la dieta y la salud. Normal por otro parte ya que las investigaciones no hacen más que demostrar día a día los beneficios que tienen muchos alimentos tradicionales para el organismo.

Ya sabes que tienes que seguir una alimentación sana, variada y equilibrada. La alimentación es un pilar esencial para la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades. Esto no quita, que el estilo de vida actual ha provocado el abandono de determinados hábitos alimentarios saludables. No disponemos de tiempo suficiente para cocinar, lo único que practicamos es la inactividad física y hemos sucumbido a la gran variedad de alimentos precocinados disponibles. Todo esto ha desencadenado en más desequilibrios y déficit nutricionales,  asociados a un gran número de enfermedades. Un dato, en España las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte y responsable de muchísimas hospitalizaciones.

“Como consecuencia de este estilo de vida casi trepidantes surgen los alimentos funcionales”.

Un alimento funcional se define como aquel alimento o ingrediente alimentario que puede producir un efecto beneficioso para la salud, aparte de su función tradicional.
Pueden ser alimentos naturales, como las frutas, verduras, hortalizas, avena, aceite de oliva, pescados.., que contienen por sí mismos las propiedades beneficiosas o éstos mismos pero modificados.
En los supermercados vas a encontrar una amplia variedad de alimentos a los que se le ha modificado uno o más de sus componentes:

  • Alimentos a los que se ha añadido algún componente, como omega 3 o jalea real.
  • Alimentos en los que se ha sustituido un componente por otro, por ejemplo: azúcar por edulcorantes (mermeladas o refrescos light), grasa por hidratos de carbono o proteínas.
  • Alimentos a los que se ha eliminado algún componente: grasa, alimentos sin gluten, sin sal, etc.
  • Alimentos a los que se les ha aumentado la concentración de algún componente, como leches enriquecidas con calcio y vitamina D, zumos enriquecidos con vitamina C o cereales con ácido fólico, etc.
  • Alimentos en los que se ha alterado la biodisponibilidad de algún componente (se enriquece el alimento y se mejora su biodisponibilidad), por ejemplo: los yogures con esteroles vegetales.

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¿A quién van dirigidos?

Los alimentos funcionales pueden formar parte de la alimentación de cualquiera, por tanto, los podemos consumir todos. Pero especialmente, están dirigidos a aquellas personas con necesidades nutricionales especiales, como embarazadas y niños, o con estados carenciales, alergias o intolerancias alimentarias, colectivos en riesgo de enfermedades específicas, por ejemplo, cardiovasculares, gastrointestinales, osteoporosis, etc., y personas mayores.

¿Cuáles son las condiciones que debe de cumplir un alimento para que se considere funcional?

  • Debe producir un efecto fisiológico beneficioso sobre el estado de salud físico o mental, y/o reducir el riesgo de enfermedad.
  • Las propiedades beneficiosas sobre la salud tienen que estar científicamente demostradas.
  • El componente alimentario responsable de sus efectos fisiológicos debe estar caracterizado por sus propiedades físicas y químicas, así como identificado y cuantificado por los métodos analíticos posibles.
  • El compuesto citado se ha tenido que evaluar previamente en poblaciones humanas en relación con su absorción, distribución, metabolismo, excreción y metabolismo de acción.
  • Debe ser efectivo en todos los miembros de una población (edad, constitución genética, etc.).
  • Debe mantener las características propias de un alimento, es decir, no puede presentarse en forma de píldoras, cápsulas, comprimidos, polvos…. Sí se les permite ser integrados en la alimentación habitual del individuo.
  • Las cantidades del consumo necesarias para que se manifieste los efectos beneficiosos tienen que ser las habituales en un patrón normal de alimentación.

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Alimentos regulados

Sus condiciones de higiene y seguridad están reguladas como cualquier otro alimento, y en caso de que el producto esté enriquecido con algún nutriente, tal como la legislación española y europea contempla, dicho nutriente tiene que estar indicado en el etiquetado nutricional del producto.
Lo mismo ocurre con las alegaciones beneficiosas de estos alimentos, deben de estar aprobadas científicamente, tal y como lo exige la Unión Europea y reguladas por el organismo europeo “Functional Food Science in Europe” (FUFOSE).

Actualmente en España se comercializan alrededor de unos 200 tipos de alimentos funcionales. Como por ejemplo, zumos sin azúcares añadidos a los que se les ha añadido vitaminas y minerales, cereales con fibra, leches fortificadas con calcio u omega-3 y un largo etcétera.

Y tú ¿sueles consumir alguno de estos alimentos funcionales? ¿Cuáles? ¡Cuéntanos qué tal te van!